El Coquí contra el buldózer
Por Ben Shepard
Traducido por Vajra KilgourEn un sábado frío al principio de enero, los miembros de la Coalición para Más Jardines (More Gardens Coalition) dieron la bienvenida a sus huéspedes en una tarde de informes en el jardín comunitario La Esperanza, en la calle Siete Este. El tema fue la resistencia contra la destrucción del jardín, que se encuentra entre las avenidas B y C en Loisaida.
Durante las semanas previas, el jardín de 22 años, bautizado con la palabra castellana esperanza, se había hecho un símbolo de todas las tensiones entre los espacios públicos abiertos a todos y los espacios privados dedicados al lucro. Pese a su historia como centro comunal para meriendas, refugio de los niños y fiestas, el ayuntamiento del alcalde vendió La Esperanza al especulador Donald Capoccia en agosto pasado. El 23 de diciembre los contratistas derribaron al muro atrás del jardín, como preparación para arrasar el espacio.
El escenario fue un recuerdo vivo de la manera en que Capoccia había arrasado el Jardín Chico Méndez en la calle 11 Este, dos días después de la Navidad en 1997. Activistas, miembros de la comunidad y los amigos de La Esperanza se empeñaron en que lo mismo no ocurriera otra vez. Pasarían la última semana del vigésimo siglo en un combate primordial entre los espacios de los jardines y los buldózers en la lejanía. La Esperanza se había convertido en un punto de estallido.
Para poner en su contexto la lucha por La Esperanza, tenemos que volver a mayo de 1999. Después de la resistencia masiva en toda la ciudad contra la subasta planeada de alrededor de 125 jardines, y la adquisición de ellos en la última hora por Bette Midler, Giuliani cambió su táctica. En una nueva estrategia, la ciudad empezó a vender jardines individualmente, uno por uno o en pequeños grupos, para no llamar la atención como la subasta de mayo. Mientras el público en general creyó que los jardines se habían salvado, continuaron la subasta y venta de jardines. El 5 de enero, la ciudad subastó 29 jardines comunales más de Loisaida.
Los partidarios de los jardines buscaron un entredicho para salvar La Esperanza después de la venta. Lograron poco. A mediados de noviembre, Alicia, la primera jardinera que había plantado las semillas de La Esperanza en 1977, recibió una carta de Capoccia, en la cual él dijo que la construcción empezaría en la tierra detrás del jardín dentro de una semana.
Con los esfuerzos legales para salvar el jardín estancados en la corte, los activistas buscaron soluciones alternativas. En la tradición puertorriqueña, el coquí, una especie de rana, se conoce desde siempre por conquistar a los adversarios más grandes. La Esperanza necesitó un patrón de esa índole. Entonces, paso a paso los activistas jardineros empezaron a crear de acero y lona una versión gigantesca del coquí para el jardín.
La rana, construida unos 10 pies en el aire, estaría enfrente de la calle, atrayendo multitudes de simpatizantes a causa del jardín. Los activistas podían pasar la noche dentro de la estructura, que está provista de líneas telefónicas para llamar a un árbol telefónico, un calentador, y materiales para inmovilización por si acaso los buldózers llegaran temprano en la mañana. El coquí señaló una lucha tipo David y Goliat. Pero fue sólo una parte de la estrategia.
Los defensores del jardín formaron una variedad de estrategias de inmovilización para impedir que los buldózers cruzaran La Esperanza. Después de que los buldózers aparecieron a fines de diciembre, los activistas construyeron un trípode de acero y un girasol de 50 pies de altura en la parte de atrás del jardín, además de una atalaya con un asiento en su cumbre. Enterraron bloques de hormigón con pipas en el suelo, donde podían encadenarse durante horas. Tiendas donde campistas podían pasar la noche separaron el jardín de los buldózers.
El encadenarse no es la solución perfecta. Pero hasta que el Concejo Municipal encuentre la voluntad de crear una estrategia más coherente para encargarse de todos los jardines comunales de la ciudad, los activistas creen que tendrá que ser suficiente.
Estoy aquí para hacer un llamado a mi representante en el Concejo para que ella se junte con sus constituyentes y nos ayude a exigir una moratoria de la destrucción total de todos los jardines comunales en Loisaida y el resto de la ciudad, aseveró Aresh, un líder de la Coalición de Más Jardines, en una declaración emitida en enero.