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Inquilinos 2, JTS 0
Por Vajra Kilgour
Traducido por Lightning Translations

Los inquilinos de dos edificios en la calle 122 oeste, amenazados con el desalojo por el Seminario Teológico Judío, acaban de ganar una victoria muy importante en su lucha para mantener sus hogares.

En mayo, el tribunal de segunda instancia confirmó por unanimidad el fallo de la juez Laurie Lau en el tribunal de vivienda que el seminario no podía desalojar a la mayoría de los inquilinos porque en el momento en que estos ocuparon sus hogares, el propietario de los edificios era una compañía de papel con fines de lucro, anulando la aseveración del seminario que como una institución educativa sin fines de lucro tuvo el derecho de rehusar renovar los contratos de los inquilinos (Tenant/Inquilino, febrero de 1999).

Se hizo saber el fallo después de una semana de conflicto entre los inquilinos y el seminario sobre los derechos otorgados por la Primera Enmienda. El 16 de mayo, la policía amenazó con arrestar a los inquilinos que trataban de repartir volantes en la ceremonia de dedicación de la torre nuevamente restaurada del seminario--la cual no contiene viviendas--si no limitaban sus actividades al otro lado de la calle o dentro de un encierro policíaco armado aproximadamente a 130 pies de distancia de la entrada al seminario.

Cuando se dieron cuenta de la intransigencia de la policía, los inquilinos decidieron regresar a casa para traer sus pancartas, que sostuvieron en plena vista de la ceremonia al otro lado de la calle. El 19 de mayo, gracias al trabajo rápido y eficaz del abogado Chris Dunn de la Union de Libertades Civiles de Nueva York (New York Civil Liberties Union), los inquilinos repartieron volantes sin incidentes frente al seminario a las personas que acudieron a la ceremonia de graduación. El día siguiente, conocieron el fallo del tribunal.

Un componente clave del caso fue que el seminario no pudo cumplir con un requisito legal: ser propietario de los edificios cuando los inquilinos se mudaron a ellos. Juntando su dinero, los inquilinos contrataron a los abogados Catharine Grad y David Weinraub y pudieron recopilar evidencias abrumadoras de que en realidad el seminario no poseía los edificios cuando la mayoría de ellos se habían mudado.

La victoria de los inquilinos viene después de una larga batalla. Empezaron a luchar contra un aumento de alquiler por Mejoras Importantes de Capital (MCI) en el verano de 1993. A fines de 1995, el seminario avisó que no iba a renovar los contratos de los inquilinos que se habían mudado a los edificios después del 1 de julio de 1978--la fecha límite en la ley de estabilización de renta para el derecho de renovar el contrato en los edificios propiedad de entidades sin fines de lucro. Y nos enseña sobre la importancia de la organización en la mayoría de las batallas que enfrentan los inquilinos en la ciudad de Nueva York.

Probablemente, la organización que se desarrolló en torno al MCI fue clave para la capacidad de los inquilinos de luchar contra la pérdida completa de sus hogares. El tamaño relativamente pequeño de los edificios--que abarcan 65 apartamentos en su totalidad--y la presencia de familias muy unidas y grupos de amigos y compatriotas (muchos de los inquilinos son inmigrantes de Haití o África) siempre contribuyó a un fuerte sentido de comunidad, pero tal vez el nivel de organización para luchar con éxito no habría existido si no se hubiera empezado la organización antes de que el seminario dejara de reanudar los contratos. Los inquilinos que no fueron amenazados directamente se juntaron a la causa; los que sí fueron amenazados directamente sabían que no tenían que luchar solos.

Sin embargo, la victoria en cierta medida es agridulce. Los inquilinos que se mudaron a los edificios después de 1983, cuando se les transfirió a la posesión directa del seminario, se han visto obligados a buscar vivienda en otra parte. Aunque unos pudieron negociar acuerdos provechosos, otros no salieron tan bien. Específicamente, un inquilino que rompió filas para contratar un abogado diferente al iniciar los trámites legales tuvo que mudarse de su apartamento sin recompensa alguna, porque no tenía los recursos adecuados para hacer el argumento en torno al propietario distinto.

Al entrar en prensa Tenant/Inquilino, el seminario aún no ha apelado el fallo del tribunal de segunda instancia, y los inquilinos no ven razón alguna para que lo haga. "Siento que este fallo es acertado," dice Alix Delinois, de 21 años, que se crió en 515 oeste de la calle 122 y todavía vive allá con sus padres. "Es inmoral que una institución religiosa trata de botar a gente sin razón, y por eso me parece justo este fallo--es lo correcto."